Con qué tersa dulzura se posa curvo y recurrente el beso para que a fuego lento empiece, la danza cadenciosa de nuestras bocas.
Paseo mis dedos por tu piel, dibujo el movimiento en el espacio, hasta que me levanto del lecho en el que me tienes resguardado.
Tejemos el amor en caricias de un ir y venir, prodigándonos sonrisas perfumadas, rodeados por el antojo de probarnos todo, los ojos cerrados sienten la presencia de una mano que sube, baja, y se acomoda por la espalda.
Avanzamos resueltos hacia las trampas creadas, cazamos osos con piel de leopardo, serpientes con plumaje de cóndor; nuestros tropiezos sobreviven a las heridas y nos besamos retadores, ante la envidia de los mirones venenosos.
Vuelo más allá del aliento en el que escribo, ni la amargura de mi habitación menguante, ni la tinta desperdiciada por las calles de los bares, me sacuden de los pies el paralizante frío.
Aleteando sin conjugar las premisas del destino, llevo el apremiante don de elucubrar pegasos, mi mano izquierda los va dejando en el regazo, en la acción de verme soñando a mí mismo.
Voy del intersticio al menor brote de luciérnagas, a la luz de su plexus vibrante me vuelvo adicto, hasta irme de hocico en el mismo sitio, bajo las hamacas de sombras urdidas en las ceibas.
Recorren mis letras un caudal de feliz polifonía, se instalan hasta mis talones esquirlas de estrellas, con amorosa discreción y muda insistencia, en el sinuoso ritmo de las flores sicalípticas.
Giran al trote de mis ojos en pleno desconcierto, y en el rumor de las primeras palabras sumisas, astrales dimensiones son la obstinada guarida, del fugitivo aliento en el que escribo.
Si yo te amo en todas tus facetas, en cada roce, en cada respiro, ten en cuenta que es la inercia; sólo la inercia, inaudita fuerza de una química secreta. Si yo contigo desdoblo alas inmensas, suspiros disfrazados, miradas indiscretas, es tu fondo aunque también tu forma, lo que me hace perder el piso ahora, lo que provoca que pierda la cabeza. Y es difícil mantenerse esquivo, mostrar ante todo cierta indiferencia, pues tus palabras, tus ojos, tu sonrisa, dan comienzo, rienda suelta, a las dulces tentaciones de besar tu ombligo. Eres la manzana de la discordia, dama insomne que alguien puso en mi camino, sólo déjame rodear la estrechez de tu cintura, yo, soy un náufrago que busca olvido.
Bóveda perenne de claroscuros al amanecer donde se despliega un manto de rubíes que resplandece a cuentagotas en sus playas; de su oleaje brota el aliento vital de los rumores clandestinos y por las noches asistimos al influjo sutil de las fuerzas cósmicas, mientras somos juguete de su pasión. Nos entregamos a su cause y navegamos con la parsimonia de los sentidos agudizados en el viaje interno, porque la poesía, como toda expresión humana, es creación o invención soñada.
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Egresado de la UNAM. Miembro honorario del Club de Periodistas A.C. Invitado al Segundo Encuentro Latinoamericano de Escritores. Estado de ánimo: agitación creativa. Cualidades favoritas: el ingenio y la honradez.
AHORA CONFÍA, EN EL PASADO SE QUEDARON
LOS SUEÑOS ROTOS, LAS NOCHES VACÍAS;
SÓLO EN EL PRESENTE SE PUEDEN CREAR
LA MAGIA Y LOS MILAGROS QUE ESCRIBIRÁN
EL FUTURO PARA EL QUE ESTAMOS PREPARADOS